FIESTA de SANTIAGO APOSTOL: El patrón de una temerosa ciudad de barro

[ Nota: un extracto de esta nota fue publicada por Diario LOS ANDES, Mendoza el 25-7-2001: Los dos Santiago.  ]

El 25 de julio en Mendoza comenzará a ser cada vez menos desapercibido desde que a partir del año 2000 se dejaron oír voces que cuestionaron la iconografía beligerante y belicosa con la que don Santiago Apóstol ha enraizado en Mendoza. Si bien ninguna de las mayorías religiosas del mundo se han caracterizado por tener sensibilidad ante las minorías, recurso de la memoria frágil de pasados genocidios, en verdad debería resultar ofensivo que las imágenes religiosas invoquen símbolos de guerra y de intolerancia a los diferentes.


matamorosNo menos cierto es que este Santiago “matamoros” nos recuerda las condiciones de una edad media en la península en la que bajo dominio árabe se inició un laboratorio de mestizajes culturales que pudo ser una escuela de tolerancia para la rancia Europa, pero que el espíritu de reconquista y contrarreforma inauguraron tristemente las exclusiones de los diferentes, tan malamente famosas luego en nuestra América. No menos totalitarios han resultado las “guerras santas” moriscas contra los “infieles” hispanos, pero en fin, entre fieles e in-fieles de uno y otro absolutismo han quedado los recuerdos ateridos de sus víctimas y las familias integradas por ambos bandos, las herencias culturales entrelazadas y las xenofobias irresueltas, las palabras nuevas que forjaron desde su límite el castellano-romance que vino a estrellarse, encallar y reverdecer otro idioma en nuestros países descarnados.

A dios rogando, espada en mano
A este don Santiago espada en mano no resulta motivador hacerle procesiones y recordar su papel misionero de un dios llamando al amor entre los hombres, tal como sucede en su Santiago de Compostela, la ciudad gallega donde se supone que está enterrado el apóstol y a la cual convergen millones de creyentes y no creyentes cada año.
Hay tanta verdad y mentira en que si no se lo saca en procesión sobrevenga un terremoto como en la atribución a la falta de lluvia por el desentierro de la momia inca del Aconcagua. No sabemos aún si anteriormente a 1861, fecha de la gran desgracia mendocina, don Santiago recorría las calles de la ciudad de barro pero ligar el culto principal de la ciudad cristiana al temor de su destrucción no nos pone más lejanos a los miedos de los huarpes, esos “primitivos” que a falta de Santiagos tenían su Hunuc Huar morando en la fría altitud andina. Tampoco la presunción de cientificidad nos disculpa por las profanaciones de santuarios de altura.

La problemática deconstructiva de la imagen habla de nuevo de “un desvanecimiento de lo sólido” de la significación de la escultura que se venera, en la cual un brioso jinete y su caballo aplastan un moro de mirada que busca clemencia. En una ciudad pluricultural, multi étnica y por que no, hiper desocupada…, resulta atávico la pervivencia de tal mito protector. Sabemos que no es por la razón que se entra al corazón de las pasiones populares, y por ello una sonrisa indulgente, si se nos permite, se dibuja al comprender la veracidad de los efectos con que unos y otros atribuyen sus íconos protectores.

Esta dualidad de resultados nos recuerda la tesis del investigador mejicano, Antonio PAOLI quien sostiene que “Toda estructura mítica refuerza o tiende a eliminar la autonomía psíquica y social, y con ello propicia un cierto modo de integración ética y moral, que, o bien clarifica, o bien enturbia las relaciones sociales.”

En la península, las cosas no están más claras. Para otro contertulio de la lista memoria, Carlos, “la gran verdad sobre Santiago Apóstol o al menos la Gran controversia, el punto central de todo estriba en que en realidad el Apóstol JAMAS estuvo en España y por ende de manera alguna podía haber matado algún moro. La tradición indica que al desaparecer el Maestre Jeshu, Santiago se hizo cargo del grupo constituido por Apostoles y Discípulos y si llegó a tener alguna “batalla” fue con Pablo el Apóstol 13 que surge con posterioridad a la desaparición de Jesús.”

No sólo en Mendoza matamoros…
Hay muchas ciudades latinoamericanas donde el culto a Santiago también es manifiesto. Quiero presentar 2 casos de pequeños poblados. En el primero, Antonio Bou, folklorista español, nos brinda el relato de lo que sucede en Puerto Rico en un pueblo llamado Loíza, o Loíza Aldea. Dice Boe que “Loíza tiene su patrón, san Patricio, el de Irlanda, que nunca puso pies en Loíza, pero que tiene devotos a miles en toda la Isla. Allí se celebran en marzo las fiestas patronales en honor a san Patricio, pero las grandes fiestas de Loíza son las de Santiago Matamoros. “
En esas fiestas hay cuatro procesiones en las que se llevan por las calles del pueblo las estatuas viejísimas de Santiago:

Hay cuatro Santiagos. Tres que son oficiales y se ven en la iglesia: Santiago de los Caballeros, Santiago de las Mujeres, Santiago de los Niños. Son tallas ecuestres en madera policromada, de unos 200 años, que se distinguen por sus tamaños. Así la de Santiago de los hombres es la mayor y la de Santiago de los niños la más pequeña. Santiagón, Santiago y Santiaguito. La cuarta figura de Santiago, que no está en la iglesia ni sale en las procesiones oficiales, se llama Quirindongo, y es el Santiago de los negros.

Daniel Mathews, de la Universidad de Huancayo, Perú, me aporta el segundo caso: Por esos pagos la fiesta de Santiago es “la del cumpleños de los animales” aprovechándose a realizar las “marcas” de ganados. Dice Mathews que…
en el mundo occidental la marcación de las reces es parte diaria del negocio, se le pone un fierro ardiendo en el pellejo de la vaca y punto. Realmente debe ser doloroso para la vaca. Aquí es una fiesta que dura dos días por lo menos (en algunos pueblos ocho). Lo que se le coloca a las reces es un arete que seguramente duele tanto como a las mujeres. Pero lo curioso es que es algo más que un acto ganadero: es todo un rito.

El 24 de julio en la noche ponen en una mesa la imagen de Santiago (en su caballo blanco, con una espada en la mano), velas prendidas, flores de las alturas y las cintas y aretes que le pondrán al día siguiente a los animales. Las cintas y aretes quedan pues “bendecidos” por Santiago. Y comienza la fiesta: gran baile en la noche, baile y marcación al día siguiente. “Los hombres solteros se encargaran de marcar a las vacas y las mujeres solteras a los toros.
Termina Daniel comentando que “Es realmente un acto de amor. Pero esto del acto de amor es muy curioso: aquí queda claro quien es soltero y luego no es raro que 9 meses después de la fiesta esté naciendo algún bebe al que pondrán Santiago de nombre.”

Para el filólogo y compilador de personajes “asustadores” del folklore hispano, Alejandro GONZALEZ, estos controversias retrotraen a una vieja verdad:
“En la digestión simbólica que es toda tradición, importa mucho menos qué se digiere (lo que hay a mano…) que la enzima que lo metaboliza, transformándola en lo que es pertinente u oportuno.”

Esa enzima es la identidad de los pueblos, que es tal en tiempo presente, con toda la controversia que la presunción de una identidad monolítica trae. Baste señalar dos aspectos enriquecedores y cuestionadores como son la consideración de la identidad como ficción constituyente de un imaginario social señalados entre muchos por CASTORIADIS y la afín o complementaria visualización de la identidad como “puesta en escena”, sea en el rango del universo personal como en el campo de los bienes culturales en cuya producción y reproducción se actualiza el destino “asumido” por una comunidad.

Indios Huarpes y ciudadanos menducos de unos y otros siglos han echado mano a símbolos o a un icono que les fue provisto o reproducido socialmente por siglos, su historicidad concreta también marca sus límites geográficos, ya que Santiago es venerado en Mendoza poco más allá del puente del Río Mendoza, hacia el sur, con lo cual se abre otro debate acerca de la centralidad de mitos y ritos venerados como totalidades culturales provinciales y que en los hechos, se comportan tal como la actitud ecuestre y militarista del icono exterminador, apagan las diferencias internas de la cultura provincial y sus variantes y distinciones regionales, o sea, excluyendo al “otro” que no las comparte.
Quien no participe de los ritos ni haga ” visible” la intangibilidad de la creencia, será echado del paraíso al abismo de la maldad, y no será mal visto entonces que un caballo blanco (premonición sanmartiniana…?) y una espada toledana acaben con su vida.

En la Mendoza del tercer milenio tal vez haya espacio para reconsiderar la fragilidad de nuestras construcciones identitarias y de paso repasar su trasfondo racista y europeizante, de manera de hacer realidad los mandatos específicos de la propia confesión religiosa y un principio de inteligibilidad social más universal, de compromiso cotidiano de construcción con lo diferente, que actualice las prácticas sociales de la tolerancia y el respeto mutuo.

Aunque para ello haya que bajar al santo de su caballo y hacerlo caminar junto a la multitud de los temerosos y desesperanzados.-

Museólogo Rubén Darío ROMANI

De murales y costumbres provincianas

(Publicada originalmente en Diario LOS ANDES, 16 de agosto de 2003)

Un crítico análisis de las gestiones culturales y su relación con los artistas, a raíz de la polémica en torno del mural del teatro Independencia.

Por Rubén Darío Romani *

Todas las administraciones culturales mendocinas posdictadura han tenido a sus artistas protegidos. Músicos, teatreros y plásticos, entre muchos, que a plena luz o sutilmente han obtenido las migajas que el supremo hacedor cultural, el subsecretario de turno, volcaba vía contratos jugosos, boletas de servicios más o menos reales o adjudicaciones directas de lo que fuera menester.Así nacieron libros, CD, espectáculos variopintos, y bastantes salarios al cuete que levantaron la moral pequeñoburguesa de esos “hacedores culturales”, permitiéndoles un temporario “buen pasar”.

Por eso es raro el reclamo de democracia desde el sector de la cultura, aunque al buen observador no se le escape la idoneidad de quienes lo formulan y tome nota de sus nombres para la historia verdadera del arte mendocino.

El Príncipe mecenas mantuvo así a la grey más o menos tranquila, hasta que las masas de artistas populares se cansaron de lo exiguo del reparto y, marcha callejera tras marcha plazera, lograron que el peronismo pariera de probeta -y de taquito- el engendro autónomo del Instituto de la Cultura. Su derrotero, más que su devenir, ya es conocido.

La pelea cultural pasaba por la provincia peronista y la capital radical. Cuando el cansancio moral pecó de esperanza y votó en masa a la Alianza del Dr. Vaporeso, la sorpresa fue mayúscula, “Capital y Provincia, un solo corazón…”; ya no había contra quien competir. El trono pasó del edificio de “la Muni” al señorial ex Banco de Mendoza, previa parada antes de la entrega repudiada por media Mendoza, recalando en el exilio barroco del otro ex banco, el Hipotecario.

Sin “otros” alter políticos, el último subsecretario del siglo XX se dedicó a la autofagia, remedio dudoso para el hambre de cultura como el onanismo lo es para el placer.Quien no entendió que el Fondo de la Cultura con sus 500.000 dólares anuales iba como “bálsamo de Fierabrás” para amortiguar las sutiles heridas del cuerpo social artístico mayoritario de la capital menduca, no entendió nada. De allí la facilidad con que el Instituto involucionó al autocratismo de siempre y, con un nada elegante corte de mangas, el subsecretario tiró el mantel servido y se quedó solito con el menú de la cultura de toda la provincia.

Ya se apagaron las llamas de la ex estación del Ferrocarril San Martín y se encienden las del teatro mayor de la ciudad, siempre la ciudad… Los resentidos de siempre volvemos a la carga contra la dilapidación del patrimonio cultural de Mendoza. Sin que hayan explicado dónde están las puertas que se habrían robado del Teatro Independencia, con toda caradurez acusan de interesados a quienes públicamente aspiran a que cualquier manifestación del arte en edificios públicos y patrimoniales pase por un mínimo de control republicano.

Al Príncipe le incomoda la República. Quien no rinde cuentas semestralmente, como lo obliga la ley del Fondo de la Cultura, o no explica cómo se recompondrá la planta de personal del teatro Independencia, se escandaliza de la “falta de generosidad” de los plásticos locales que se animaron a protestar.

No son tiempos de Mecenas, no existe hoy la elitista, pero al menos nobleza de antaño, porque no tienen vergüenza de explicar por qué permitieron intervenir el edificio patrimonial sin explicar públicamente los criterios de esa intervención, apoyados como siempre por el silencio cómplice del Consejo Provincial de Patrimonio.

No pueden dar la cara y explicar por qué los murales de Chipo Céspedes fueron rescatados de los contenedores de la basura de demolición por un empleado fiel a la cultura y no a los cargos, y que los ha restaurado casi en contra del criterio de las autoridades patrimoniales.

No pueden explicar el olvido y desprecio de los murales que poseía la Biblioteca San Martín.

Para añadir verdura al guiso indigesto, el propio Scafati dice que el dinero del mecenas vínico es “una cifra bastante abultada”, aunque se niega a precisarla porque “sumaría problemas a los que acaban de aparecer”. El artista debería explicar si lo abultado incluye sus honorarios, si existe acuerdo de especialistas patrimoniales en cómo se implantaría la obra en el Teatro, si incluye publicidad expresa y otras naderías que nos alejan de la pureza del arte por el arte, pero nos acercan más a las cotidianas divergencias y tomas de conciencia que el arte comprometido con la contemporaneidad le exigen.

Para el subsecretario de Cultura todos los artistas y hacedores culturales “que no vayan a verlo con propuestas” han de resultar “resentidos”, tal como para la directora de Patrimonio resultan “los subversivos de siempre” quienes la criticaron en un foro electrónico nacional por no defender el patrimonio ferroviario de Mendoza. Es la misma lógica, no han ido a trabajar y a asesorar gratis por el patrimonio, luego son subversivos e interesados.

No han ido a los cócteles de las muestras de arte y demás actos de los espacios culturales provinciales (luego de la inauguración tan solitarios), entonces resultan antisociales, sospechosos y demasiado independientes.
No han acatado las normas oscuras de los subsidios y prebendas de escritorio y prefieren la burocracia pública del Fondo de la Cultura, por eso lo bastardearon y mantienen asesores ilegítimos y desconocidos para los sectores culturales que ellos mismos juzgan.Como los directores de Cultura, sobre todo los peronistas, no han protestado lo suficiente, no hace falta reglamentar la Ley de la Subsecretaría o del Fondo de Bibliotecas Populares, y la política cultural se redujo a la opinión y caprichos del Supremo Hacedor Cultural.

No se podía imaginar final de gestión más mediocre, y eso que aún “el Hombre que Robó un Teatro a toda una Comunidad” no emerge como el héroe millonariamente reciclador que lo devolverá con mural nuevito y todo. /  * Museólogo

 

PREMIO NACIONAL. Es para un libro que rescata memorias rurales

Se trata de “Memorias de Juan Domingo y otros mitos”, del museólogo Rubén Darío Romani.

Por Eva Rodríguez. Diario LOS ANDES,  sábado, 19 de febrero de 2005

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“Brujo blanco”, curandero, chamán, distintos apelativos a partir de los cuales nuestra cultura denomina a la práctica de la medicina alternativa que se ejerce en zonas rurales. Sin duda, todos le cabían a Juan Domingo Freire, el protagonista de “Memorias de Juan Domingo y otros mitos”, del museólogo e investigador Rubén Darío Romani, que acaba de ser distinguido con el 3er Premio Regional de Ciencias Geográficas, Históricas y Antropológicas, otorgado por la Secretaría de Cultura de la Nación.

“Freire era, por sobre todas las cosas, portador de un singular don: contar historias capaces de hipnotizar a los más escépticos escuchas”, explica el autor del trabajo que rescata memorias rurales, a partir de una entrevista en profundidad a un puestero de la ladera este de El Nevado.

El creador de mundos

Romani -que se ha especializado en Gestión de Bienes Patrimoniales- conoció a Freire el verano de 1987, cuando realizaba una expedición con el Equipo de Antropología Cultural del Museo de Ciencia Natural de San Rafael.

Cuenta que la entrevista se extendió por tres largas jornadas, durante las cuales -bajo una añosa higuera del puesto “Ciénagas de Agua de la Mula”- el hombre se dispuso a repasar una tras otra las maravillosas historias. Todas lo tenían como protagonista, mientras que el resto del elenco lo conformaban ni más ni menos que el Diablo y Jesucristo.

Freire murió poco después de aquel encuentro, por lo que nunca llegó a ver el libro. “Tenía una potencia narrativa natural, que intenté no tergiversar en la transcripción. El hecho de que haya sido tan suelto de palabra le había costado una internación en el Schestakow. Escuchaba voces y, como bien se sabe, el hombre que escucha voces si tiene suerte es un poeta, sino es un loco”, ironiza, y continúa: “Él podía oír la naturaleza y era un perfecto comunicador”.

Por causa del efecto “hipnótico” que lograba sobre su audiencia, el museólogo relata que en ocasiones se le hacía difícil seguirlo: “era como si estuviera frente a un chamán”, grafica.

Sobre el trabajo

El resultado de esas jornadas de recopilación de información se tradujo, primero, en un informe que el investigador elaboró para el museo sureño y, un año más tarde, en la ficcionalización de estos relatos, que finalmente se transformaron en libro.

“No quería escribir un típico trabajo etno-histórico occidental, en los que suele hacerse una enajenación de la diferencia, sino que quería trabajar con los múltiples relatos para acercarme a la fuente de la mitología regional. Me considero co-autor o compilador, yo sólo rescaté y ordené las historias, como quien junta fotos antiguas”, explica.

También se esfuerza por aclarar que no reivindica para su trabajo un “status especial” para el investigador, al estilo de la vieja antropología, sino que intentó respetar la pluralidad de voces.

El texto aborda temas vinculados con la creación del mundo, la razón de ser de las cosas y la relación con las divinidades, sean éstas las aceptadas por el santoral oficial o no.

Libros, mercado y memoria

“Memorias de Juan Domingo”, contó para su edición con un subsidio de la Fundación Antorchas y el apoyo de la editorial local Diógenes.

Nunca fue presentado y contó con una escasa distribución. “En realidad casi que ha circulado en la clandestinidad”, bromea, a la vez que carga culpas sobre la inexistencia de políticas públicas vinculadas a la protección y fomento de autores locales. “No hay condiciones de circulación para la cultura literaria mendocina. Las librerías los reciben, pero no les dan espacio apropiado para su exhibición y las grandes cadenas ni siquiera los reciben”.

Pero lejos de quedarse en la queja, Romani afirma que encontró en las nuevas tecnologías la vía adecuada para difundir sus producciones, en la página web imaginario.org.ar. Allí se puede navegar por “las maravillosas aguas de la cultura y las creencias populares”.

“Ahora que el libro probablemente tome mayor visibilidad, estoy estudiando la posibilidad de distribuirlo a través de quioscos, que quizás, en medio de tanto espacio para el placer, los vinos y el turismo, quieran hacerme un huequito”, apunta.

Cuando se lo interroga acerca de qué aspectos de la obra cree se ha premiado, afirma que “probablemente sea la capacidad de las memorias fragmentarias de Freire para acercarnos a la cultura mítica del sur mendocino, en la cual la picardía divina tiene reflejos en la picardía criolla y los santos son baqueanos que ayudan a sortear las pruebas del Diablo. Creo que el verdadero valor es buscar sacar del olvido esa riqueza lingüística, llena de indicios que remonta al cancionero folclórico, a los héroes rurales y a la vida cotidiana de esos lugares de nuestro sur. Para mí este libro es el triunfo de una voz, la de Juan Domingo, que logra trascender el tiempo”.

La cultura, ¿el opio de los pueblos?

El escaso presupuesto asignado a esta área y el empobrecimiento de espacios y actividades que se vinculan con ella son materia pendiente de análisis y debate.

14-12-2008 Diario UNO, sección OPINION

Rubén Darío Romani*

Que la cultura es el opio de los pueblos podría ser la conclusión primera después de analizar los últimos años de las políticas culturales públicas en democracia: con alternancia de partidos, modelos institucionales y dirigenciales el espacio de gestión pública de la cultura sigue sin dejar recuento de aciertos y cambios estructurales.

Precisamente el sector público manifiesta una profunda decadencia que lo ha puesto al borde de la invisibilidad, como en la letanía bíblica, la actual Secretaría de Cultura jaquista hereda del Ministerio de Turismo y Cultura juriniano y posmarabinista, el que heredó de la subsecretaría radicalizada de Guillermo Romero, quien a su vez heredó (pesadas deudas según él…) del incomprendido Instituto de la Cultura, vaciado de contenido como un molde cerámico en desuso, que a su vez lo recibió demasiado pronto de un dinámico Ortega que venía de depositar flores del anterior Ministerio Puertiano de Cultura, Ciencia y Tecnología (no habrá ninguno igual, no habrá…); que creció desde el más insondable Ministerio Larrosaniano y Repeturiano de Cultura y Educación (dos potencias se saludan), que vino de la púber Damianesca Subsecretaría posdictadura… y así hasta el origen incierto de los tiempos… De los tiempos de la democracia claro, por no seguir la letanía al cuete hacia la dictadura y sus siempre honestos y puros “colaboradores” en el campo de la cultura.

Así no hay presupuesto que alcance. Y henos aquí, en el medio de la tormenta institucional, somos un capital humano deteriorado por la falta de cumplimiento de la ley laboral básica: ingreso y ascenso por concurso, sistemas de premios al esfuerzo y no al silencio, la obsecuencia y el amiguismo.

Como no hay archivos locales para una rápida y buena consulta, referimos los presupuestos de los últimos años según el Sistema Estadístico Nacional, que hoy encima tampoco goza de mucho prestigio, pero es lo que hay. Durante toda la década del 2000, jamás el presupuesto del “área Cultura” logró pasar un porcentaje del 0,6% del presupuesto provincial. Sí, leyó bien, jamás arañamos el recomendado 1% por la Unesco. Veamos las cifras relativas (ver recuadro).

Cabe destacar que sólo en salarios los gastos del presupuesto de Cultura no superan el 50% del monto total, aunque se relativiza por el bajo monto general y por el trabajo profesional mal pago en toda la estructura.

De la mitad del dinero que queda, la Vendimia y los fondos especiales (Fondo de la Cultura, Fondo Patrimonial, Bibliotecas Populares) se llevan casi la totalidad, quedando para la gestión de las instituciones culturales (dos museos provinciales, el archivo, la biblioteca provincial, el teatro) y las direcciones y áreas de la Secretaría de Cultura, una cifra que por risible no la decimos. Los resultados están a la vista y exceden la responsabilidad de una gestión que recién empieza, pero que, nobleza electoral obliga, fue ninguneada como nunca frente al tamaño de la esperanza que en ella se depositó en la campaña, llegar al 2% del presupuesto para cultura.

La paritaria que nos salió. Histórico y al borde de la crisis terminal, la apertura de la Subcomisión Paritaria de Cultura ha implicado a las actuales autoridades como al cuerpo de representantes gremiales el inicio de un camino de rediseño del Contrato Colectivo de Trabajo, ante la evidencia de la imposibilidad de continuar con este esquema de funcionamiento. A cualquier funcionario que se siente en el sillón del ex Banco Hipotecario le será imposible encarar gestiones a mediano y largo plazo y mucho menos de fondo, con este presupuesto y este deterioro institucional y del personal permanente.

El trabajo viene lento, la voluntad de cambio exige al mediador político que el jefe le afloje unos mangos, si no no hay cambios posibles, en una estructura vaciada de personal, sin dinero para gastos corrientes operativos ni programa de inversión edilicia de todo el conjunto de bienes arquitectónicos patrimoniales que administra. Ello sin contar la falta de departamentos especializados en museos y demás instituciones,

Cómo llegar a la masa crítica de la Unesco. Por eso hoy es impostergable decirles al Gobierno provincial y a las cámaras legislativas que si no desean ser parte de la continuidad de esta maquinaria que atrasa la democratización cultural en todo el territorio deben otorgarnos un presupuesto que permita con dignidad cumplir las funciones sociales por las que tiene sentido la existencia misma de una Secretaría de Cultura en Mendoza.

Una provincia que se vanagloria de su desarrollo y turismo, pero no aporta recursos materiales ni profesionales para mantener, cuidar, investigar y acrecentar su patrimonio cultural. Y así sigue la cosa, a pesar de las reiteradas negaciones de Pedro, Guillermo y Ricardo y demás, sigue cantando el gallo y nos encuentra haciendo cuando más, espectáculos para la sonrisa pasajera del visitante o el ciudadano. El evento se come la gestión, no importa el apellido de quien la apadrine.

El dinero debe superar el 1% de una vez por todas, bajo una consigna clara: dedicar los fondos al desarrollo de planes de trabajo en las diferentes áreas, que excedan la visión del megaevento y atiendan los acuerdos sectoriales con las instituciones intermedias de la comunidad artística y patrimonial. Y una cosa más, sobre todo cumpliendo las leyes culturales vigentes, algunas sin reglamentar, la mayoría sin cumplir: es esencial renovar la estructura de la gestión laboral, jerarquizando al personal, iniciando la incorporación por concurso interno y abierto, completando las áreas y funciones básicas.

Un cambio de esta naturaleza, un nuevo escalafón para el área Cultura, pactado entre Gobierno y empleados, que revalorice los saberes de cada uno, que permita reubicarnos por especialidad y vocación, que mejore la base salarial, es un punto de partida para la autoestima colectiva y también para que la sociedad evalúe nuestro desempeño como agentes o funcionarios públicos.

Ladran Sancho, vienen a mordernos. Pero que quede claro: ni los funcionarios de Cultura debieran ser la oriflama del agasajo de héroes de bronce y festejos masivos, ni gestores intragubernamentales de sus propios circuitos de influencias territoriales, ni los empleados somos indios encomendados del autoritario de turno que toma y daca, lleva y trae como ganado irrecuperable mientras la sociedad escucha impávida cómo vamos perdiendo teatros, cómo decaen los museos, como es estruendoso el silencio de las orquestas que no trabajan, cómo se manejan presupuestos para eventos sin rendición de cuentas, cómo se borra la letra de leyes ya ganadas, tal vez de batallas mal habidas o, en fin, cómo ninguno de ambos, ni Gobierno ni empleados, somos la Ramona que frega la fiesta de la clase artística y mucho menos de la clase política.

Entre tanta voluntad de pactos de no agresión intersectoriales no vendría mal replantearnos lo que en parte mentirosa, pero parte al fin, estipulan las sucesivas leyes del ámbito cultural. Tal vez es tiempo de juntarnos, leerlas todos juntos, criticarlas, acordar su mejora, tener una sola ley de cultura y un modelo de gestión que anteponga un proyecto de ciudadanía cultural para el siglo que vivimos.

Un Estado fortalecido en lo cultural no anulará la iniciativa y creatividad personal y colectiva, que en Mendoza abunda y ha abundado sin que la regara la mísera agua del presupuesto cultural. Como decía Eduardo Aliverti reflexionando sobre el valor de estos 25 años que pasaron: “Con un Estado anémico o irresoluto, que no sea capaz de resolver las necesidades básicas de las mayorías, las sociedades culminan arrojadas, recurrentemente, al palabrerío o los brazos de sus opresores más temibles”.

Lo temible, como ciudadanos, es que casi no albergamos esperanzas de que nuestros legisladores entiendan la gravedad de lo planteado ahora, que todo reclamo es corrido con el rebencazo de la crisis global, crisis que entre nosotros, en nuestro sector, tendrá muchos malheridos sin que se vislumbre una verdadera vocación de cambiar por un nuevo sistema institucional para la gestión pública de la cultura en Mendoza.

¿Sabrán escucharnos y actuar en consecuencia?

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APOSTILLAS a la nota:
Buscando esta nota en la web hallé un artículo del filósofo Gustavo Bueno, que da una excelente puntada histórica a la metáfora coincidente y elabora conceptos a la luz, o sombras, de la política cultural española. Descargar artículo completo en:

La cultura como opio del pueblo

 

* Museólogo. Magister en Arte Latinoamericano. Delegado gremial en la Secretaría de Cultura de Mendoza.

La institución museo en Mendoza: el Museo Provincial de Bellas Artes

El trabajo aborda a la vez la historia de una institución local en particular y su devenir en relación con el campo artístico de Mendoza y la genealogía europeizante del museo de arte impuesto como paradigma desde la formación de los estados nacionales europeos.
El Museo de Bellas Artes (actual Museo Emiliano GUIÑAZU Casa de Fader) como entidad reproductora del gusto de la burguesía y como factor de distinción social verifica en esta región americana el cumplimiento de un ciclo reforzado por la copia del modelo civilizatorio que se asume como propio en la Mendoza de los siglos XIX y XX.
Tras la institución del primer Museo Provincial de Bellas Artes y su posterior refundación como Museo Fader; sorprende hallar un programa museo lógico de cuño modernizador; atento a la realidad latinoamericana sin perder de vista la historia del sector.

Publicado originalmente en
HUELLAS…Búsquedas en Artes y Diseño, Nº2, p. 107-118, año 2002; Facultad de Artes y Diseño, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina. ISSN Nº1666-8197.

TEXTO COMPLETO en PDF

 

Los MITOS, un puente hacia el interior de la cultura

I

Una de las grandes adversidades del “hombre moderno” la constituye la creciente verificación de que estamos inmersos en un analfabetismo cada vez mayor, ya no solo de la propia lengua sino de las múltiples culturas y sus productos que nos envuelven desaforadamente en este fin de siglo.

Cada vez ignoramos más acerca de diferentes áreas de la vida y el saber social, cada vez aparecen más elementos para acrecentar nuestra ignorancia, impedidos de una comprensión universal de las culturas y sus cosas, con una riqueza de información que no alcanzamos a absorber.

No será entonces que realmente no podemos abarcar todo sin apretar en la mano apenas un manojito de datos esenciales en donde el “saber acordado” no implique el dolor de no ser, el sinsabor de tener una identidad prestada, o acordar por la razón un saber sin placer?

No será que la cibercultura y el aire ligero de principio de milenio quieren dejar atrás la presencia viva y doliente de millones de voces que no conocerán el pautado olvido de la lectura de libros y la letra impresa decae, sumergidos en el descreimiento, también milenario, de la palabra?

LA PALABRA NO SE VA…

Pero la palabra dicha se resiste a morir. La esencialidad de las formas culturales de la oralidad popular guarda un tesoro en la conversación cotidiana y su ingenio que rompe moldes, y ha logrado pervivir en la capacidad que muestran los “mitos” para acceder a las zonas profundas de la vida de los hombres.

Y es a través del contacto con la mitología “el pasado cobra fama” aportando un sentido de pertenencia, a veces muy snobista pero pertenencia al fin a algo mayor que el mero sujeto, en un mundo tremendamente desvinculado y ausente de imágenes sociales compartidas.

Para el antropólogo Adolfo COLOMBRES “el mito, como el lenguaje, configura un campo de posibilidades y prohibiciones. (…) Por plasmarse en lo profundo de la conciencia diriamos que es la parte más significativa de la realidad, y que su lógica es la más irrebatible, aunque a menudo no exprese un orden verdadero, literal, de los fenómenos” (Mitos, ritos y fetiches. pp. 187.)

Los mitos implican una primera forma de ordenar la multiplicidad inquietante del universo, no sólo físico, ya que para Eduardo COLOMBO (1996), también “la lógica social, en su totalidad, se halla idealmente transcripta en la lógica del mito“, por lo que la mitología de una comunidad expresará también una forma del orden de su propia personalidad en el mundo.

A la heterogeneidad de la cultura y de nuestros mitos sumamos la de nuestro pensamiento, el que también se manifiesta como múltiple por la naturaleza heterogénea de la lengua. El semiólogo LOTMAN advierte el hecho de que el estrato mitológico “se ha fijado en la conciencia” y termina creado una tensión permanente entre “los polos mitológico y no mitológico de la percepción.

De este modo, el pensamiento mitológico coexistiría con el pensamiento lógico y descriptivo(usado excluyentemente en la ciencia), refluyendo constantemente en los intentos de versiones lógicas y artísticas que intentan traducirlo, no sin amenazar la riqueza de significaciones que de él emana.

El mismo LOTMAN asevera además, que “el texto mitológico genera, en el marco de una conciencia no mitológica, construcciones metafóricas” emergiendo en lo conciente a través del arte y la comunicación, metáforas y fantasías de las cuales se nutre un porcentaje nada desdeñable de nuestro arte contemporáneo.

CREEER o NO CREER, ese es el mito y la cuestión

El énfasis de la pretensión de verdad absoluta en los relatos científicos nos ha llevado a la gran pregunta que nos hacemos acerca de la credibilidad en las fuentes orales y testimonios autobiográficos, cuya valoración reciente como “conocimiento” ha puesto en crisis los modos tradicionales de validación para esos discursos cintificistas.

Por el contrario, “aún cuando equívocas, las declaraciones de los informantes son psicológicamente verídicas. Va contra el monopolio de credibilidad factual de los documentos escritos.“(…)

Podemos decir entonces que el documento escrito ha perdido su hegemonía y su tiránica altivez de posesión de una única verdad sobre los hechos de la historia.

Frente a una “hechología” erigida como “relato único” se establece una tarea reconstructiva permanente, en donde como dice Alesandro PORTELLI, “lo realmente importante es que la memoria no es un depósito pasivo de hechos, sino un activo proceso de creación de significados.“(PORTELLI, Alessandro. En: Lo que hace diferente a la historia oral. CEAL, Los F. De Las Cs. Del Hombre, Nº26. Págs. 36/52)

Liliana BARELA va más lejos, para ella la verdad del mito no es una verdad teórica sino una verdad fundante que reposa sobre la evidencia del acontecimiento narrado, única garantía de la veracidad del relato.

– “Mirá lo que me ha traído don Freire…( le hacía y le hacía así por la frente) Para mí va a ser este huevo ! Y lo guardó. De allá vino con la bolsita […] que yo le llevaba dentro del paquete bien acomodado, que lo hice acomodar con el finado Menéndez cuando vivía él en el Nihüil y lo tiró así…
– Ahora lo voy a atender.
Le digo yo:
– Ahora no le voy a conversar ni le voy a charlar, ahora le voy a relatar. Cuando yo relato voy jurando mi verdad…

Así, tras los mitos, como motores simbólicos de la cultura, se encierra una lucha que enfrenta diferentes paradigmas de veracidad. Esto se corrobora en la enunciación de relatos fundacionales y sobre todo de la leyenda que constituye, de por sí, una DISPUTA, semejante a una polémica religiosa en la que luchan dos visiones del mundo:

LOS MISTERIOS DE EL NEVADO.

En la actualidad, en El Nevado, se escuchan ruidos misteriosos, de guitarras que suenan y bailes y jinetes que cabalgan por la zona, pero al salir de la carpa no se observa nada, puesto que en el día todo es normal.
Estos misterios han sido comprobados por la gente que llega de cacería a ese lugar. Se dice que todo esto se debe a las brujerías que hacían los indios en el pasado.

Sabemos también como se utilizó en la historia el estigma de brujo para impugnar (y de paso quemar al portador de verdades alterna, de conocimientos no validados por el saber dominante en esa época de la historia.-

EL MITO: para conocerte mejor…

Tenemos que señalar que el MITO es un modo de crear conocimiento muy productivo, para este enfoque multicultural y sobre todo para un contexto de grupos sociales en donde el texto y la escritura no funcionan como referentes privilegiados del conocimiento sino que lo oral es patrimonio vivo.

FOUCAULT señalaba que desde el mundo de los objetos el hombre se instala entre el mundo de los códigos y el de las elaboraciones intelectuales posteriores, en un espacio de experiencia desnuda del orden, “más arcaica”, oscilando entre la mirada codificada del mundo y su conocimiento reflexivo.

LOTMAN indica que “es precisamente el carácter heterogéneo de nuestro pensamiento el que nos permite, en la construcción de la conciencia mitológica, apoyarnos en nuestra experiencia interior”. Lo que en cierto sentido, continúa, resulta en que “comprender la mitología equivale a recordarse“…

Por esa zona ambigua el ritual reorganiza el temor a lo desconocido y funda el espacio-tiempo como categoría indivisa, un sentido de vida mas integrado y estructurado con la profundidad perceptiva que permite andar por el mundo y realizar la cultura humana con mayor plenitud.

El mito, frente a algo roto y quebrado, restituye una unidad. Las situaciones de desterritorialización propias de la migración de siglo pasado y entre guerras del nuestro siglo se encarnan en un grito existencial básicamente relevado por las obras culturales y el diálogo como estrategia de productividad participativa en los que la restitución a un sentido de pertenencia se hace patente y perdura en las generaciones siguientes de sus protagonistas, como lo demuestran muchos de los textos de compilaciones de la memoria de nuestras comunidades.

II

Estamos intentando pensar nuestra cultura popular como un texto: ello nos permite en palabras de GEERTZ, analizar la “naturaleza pública del pensamiento” como tráfico de símbolos y su forma de estructurarse en “racimos que constituyen sistemas o estructuras” producto de las soluciones a los desafíos de la vida cotidiana, a través de los cuales es posible llegar a comprender lo universal.  (SIMBOLOS Y PODER: la cultura como un texto. NIVON, EDUARDO. ROSAS, ANA MARIA. ALTERIDADES; Nº 1. 1991)

La cultura asi enfocada “denota un esquema históricamente transmitido de significaciones representadas en símbolos, un sistema de concepciones heredadas y expresadas en formas simbólicas con las cuales los hombres comunican, perpetúan y desarrollan su conocimiento y sus actitudes frente a la vida” (Clifford GEERTZ)

Los símbolos son modelos de realidad y modelos para la realidad como fuentes extrínsecas de información, incluso para los mitos donde el símbolo funciona como un metalenguaje.  (LOTMAN, Iuri M. La semiósfera.)

GRAMATICA versus MANUAL

Humberto ECO afirma que existen culturas regidas por sistemas de reglas y otras gobernadas por repertorios de ejemplos o modelos de comportamiento. (ECO, 1995: 217)

El interés de su comprensión manifiesta el sustrato ideológico por el cual se efectuaron y se efectúan operaciones de actualización y ruidosas discusiones con la ortodoxia sobre conceptos como folklore, artes y “motivos” populares y la recuperación de mitos de culturas que fueron, digamos “ejemplarmente” resignificados por posiciones del romanticismo y la necesidad de configurar los estados nacionales durante los siglos XVII al XIX y los nacionalismos de nuestro siglo, sin olvidar el fundamentalismo creciente bajo el oleaje de la globalización.

Sigue ECO presentando la tesis de LOTMAN por la cual entonces podemos encontrarnos con las culturas “gramaticalizadas”, que descansan en el Manual, o sociedades “textualizadas” que lo hacen sobre el Libro Sagrado.

Entre ambas el imaginario colectivo construye y reproduce las reglas con las que debe coincidir la realidad en este último caso, o se nutre de los modelos para imitar del manual.

Si observamos esa totalidad cultural “aceptada” como identidad mendocina, muchas veces encontramos procesos de construcción de discursos y de identidad en los que ambas situaciones(interpretación y repetición) se entrecruzan en un laboratorio de mestizaje del texto sagrado con un nivel de relación personal con lo numinoso que escapa a las hipercodificaciones de las religiones organizadas:

“JUAN JOSÉ CAMPOS. EDAD 65 AÑOS.
Es mi papá y me contó que él había visto una bruja y le dijo “mañana volvé por sal, lechuga para almorzar”. Y otra vez iba con mi tío a caballo y le salió un hombre sin cabeza.
A mi tío Jerónimo le salió una tapa blanca que saltaba adelante de él, entonces fue a la casa y buscó un cuchillo y se sentó en el puente y no le salió más.
Otra vez mi papá estaba durmiendo y una mujer de blanco lo despertó.
Mi hermana Mirta vio una vez una luz que viene de muy lejos y se “escuende” en el palo de la cancha que está adelante de mi casa. Mi otro hermano, Roberto, venía de ver la novia y le salió un pájaro que era como una bruja.
Mi tío vivía en una casa que estaba en una finca y siempre le salían cosas, una vez dice que iba un carro con un hombre y detrás un perro grandote, negro y dicen que ese es el diablo. También mi papá me contó que en el campo que está cerca de mi casa, por la calle viene un auto y adelante vienen dos novios caminando.
Hacen dos años atrás en mi casa una bruja “sapatiaba” en la esquina del techo. Mi hermano Piti venía en auto un sábado a la noche y se le atravesó un conejo blanco pero no es un conejo común y corriente, es malo.
Doy por finalizada estas cosas que mi papá, Juan y mis tíos, hermanos me contaron. Yo creo que esto es verdad porque las cosas malas existen pero las buenas también.
 Me llamo GLADYS CAMPO, vivo en calle El Toledano, Las Paredes.”

EL MITO de la globalización cultural

Es un hecho de nuestra América Latina la acentuación de la condición híbrida y su desfasaje de ingreso a la modernidad, pero ello no invalida, a pesar de la caída de los grandes relatos totalizadores, “la búsqueda crítica del sentido o los sentidos de las múltiples interacciones“… (GARCIA CANCLINI)

Si el objetivo final será la comprensión de mecanismos culturales en la región no dejaremos de señalar el carácter estratégico que revestirá la mirada sobre las marginalidades al interior de los modos de desarrollo y producción del saber en nuestra provincia, poniendo de manifiesto las cohesiones y también las variaciones y riqueza de la diversidad de tradiciones en la que se constituyó nuestra historia:

Aunque la mayoría de las tipificaciones metropolitanas continúan suprimiendo las zonas fronterizas, las culturas humanas no son por necesidad coherentes ni tampoco son siempre homogéneas.“(LOTMAN, Iuri M. La semiósfera.)

Vivimos en un mundo globalizado pero la nuestra es cultura de fronteras donde cabe la esperanza de crear un modo superador de una totalidad que se ha autodefinido como “orden mundial” y aplica su visión del mundo con particular coherción con su hegemonía de la comunicación y producción de bienes, asentada en los mitos siempre cambiantes del consumo y “el palito de abollar ideas” dispuesto a caernos encima.

La cultura humana identificada con el “espacio cultura total” en tanto oikumene muestra en el dominio fronterizo, procesos culturales (semióticos) acelerados y más activos que los del centro, desalojándolos muchas veces, en un proceso diacrónico donde “la oposición centro/periferia es sustituida por la oposición ayer/hoy” (LOTMAN, Iuri M. La semiósfera. :28), en donde las élites sociales y políticas del núcleo dominante se entiendan a sí mismas por “metacategorías de las viejas estructuras“, de modo que ellos piensan que nada ha cambiado ni cambiará…

No cabrían muchas certezas sobre la esperanza de poder contar con las ciencias sociales como herramienta para penetrar la multiplicidad de las culturas populares orales y sus límites hacia el mundo de los intelectuales y quebrar esa visión elitista del todo social, pero el propio Humberto ECO nos recuerda que “la condición de la investigación semiótica (entendamos estudios culturales) se parece a las huellas de los vehículos y de los pasos y los senderos trazados” en tanto “modifican el espacio que intentan conocer”, en un territorio que dista de ser totalmente reductibrle a nuestras reglas porque se refiere a un proceso cultural activo e inacabado, donde reina también un principio de indeterminación.

Es decir, para nosotros, un principio de esperanza.
Tampoco cabe imaginarse como tarea fácil la de relevar los textos que nos permitan “buscar en el relato mítico la red de significaciones mediante la cual se piensa y se explica el orden del mundo en su totalidad; con el relato de los orígenes, el mundo físico encuentra su razón de ser y sus designaciones; los avatares de los héroes explican la distribución de seres y cosas”.

Pero, una vez más, para contradecir el pronóstico cambalacheano, sobre ambas cuestiones se imponen la esperanza y la tarea.-

© Rubén Darío ROMANI, Coordinador proyecto MI COMUNIDAD, Patrimonio Viviente

Publicado originalmente en:

LOS MITOS, un puente hacia el interior de la cultura” en Diario LOS ANDES, Suplemento CULTURA, Mendoza: pág. 6, 26 septiembre 1999.

Balance cultural, Mendoza 1996

Agnósticamente encarado el balance cultural sugiere que tanta
opinión tal vez disimule la ausencia de creación cultural en el
contexto de empobrecimiento generalizado. Crear es un acto colectivo con otros que reciben dando valor y sentido.

Si la sensación de inmovilismo montañez es a causa del carro del Estado o por la anemia institucional de los  privados es cuento de nunca acabar en un mundo cada vez más virtual, conjunto de realidades negadas más cercanas al cotidiano viscoso que al
realismo mágico.

La realidad huyó de lo real, compitiendo con la sustancia creadora pero con mucha menos pasión y sentido de verdad o amor a lo humano y su viviente estructura sobre el reino de sombras y muerte.

A muchos creadores les importa un orujo las políticas culturales de la provincia o los municipios, razones sobran con excepciones contadas que se niegan al clientelismo permanente y la mediocridad de objetivos. La ley que creó el Instituto de Cultura provee la oportunidad de ampliar consensos por la fuerza de la participación.

Creo ver una indiferencia cada vez mayor de la Gran Ciudad concentradora y las regiones empobrecidas material y espiritualmente, azotadas por granizos, autocomplacencia y aislamiento.

Tal vez perduren los síntomas de Mausoleos Sanmartinianos, los elefantes inmundos deambulando entre las sobras del ajuste que supimos ignorar y la dictadura de las fotocopias en “la tierra del conocimiento” bajo las cenizas de las ediciones culturales debidas. Utopía de industrias culturales, necesidad de comer, vestirse, educarse y comunicarse con algun sentido de pertenencia azotados por la globalización que no perdona, con el ocio en peligro
de extinción, roto el ozono por las luces de las marquesinas del Primer Mundo.

Cuando las razones del mercado y los neologismos cierran los espacios de producción y expresión los derechos constitucionales caen a pedazos y se espera de las políticas culturales un salvavidas tramposo porque son varios miles los naúfragos y el aro es estrecho.

Justamente porque son políticas, las culturales, es al ñudo que las fajen. Sobre todo cuando murieron las instituciones y Nietzsche no lo sabe. Hay que construirlas en otro lado, pero con quiénes, dónde
y hasta cuando?

Acto de fe y no de creación, justo cuando la fe paga cuotas gota por  gota de la sangre de venas-acequias por un cachito alquilado de sol-caribe…

Yo quiero asomarme al sol de acá para derretir las lagañas posmodernas y hallar en mi retina un poco de mí y de los otros que somos. Tal vez haya que mudar el altillo a la plaza abierta y viceversa, en una espiral permanente de tradición y ruptura.-

Publicado originalmente en

“Balance Cultural, Mendoza 1996.” Diario LOS ANDES, pág. 8, Mendoza, 24 abril 1997.

Pájaros de arcilla

"mujer pajaro" Pedro Herrera Ordóñez, Ecuador
“mujer pajaro” Pedro Herrera Ordóñez, Ecuador

Septiembre
de cristal y sangre,

como pájaros de arcilla
amasados en lento invierno,

Septiembre
de cristal y sangre,

como pájaros de arcilla
amasados en lento invierno,
frágiles no obstante
ascienden todavía,

esos son pájaros silbadores
ya que no vuelan
al menos recitan
de pico en pico
la canción de los vivos
que en su boca aguda
inhalan victoriosos

un beso a contravuelo
después de todo sino
y de tanta helada
voluntarios quedan
que adhieren lo inefable
y así el ave resucita:

antigua serpiente
cuajada de alas,
mudando el barro
de futuras cortezas
en un silbo iluminado.

© Rubén Darío ROMANI

FORZOSO ES NACER de NUEVO

Lo babélico del siglo que se inició fue buen motivo para reunirse en aquel espacio virtual que construí buscando algunas coincidencias de miradas sobre la cultura artística latinoamericana y la siempre prometida plenitud del futuro, ya que nos es vedado el presente de variadas formas del sometimiento.

Pensaba llegar con vida animosa al Bicentenario de la Independencia Argentina. Me habían perdonado la vida, y entonces, aquel sitio, “El Imaginario”, fue mi peor venganza.

Peor porque me enamoré de su construcción y continuidad, llegando a casi 200.000 vistas/visitas/lecturas de todas o algunas sus partes numerosas.

Así empezó IMAGINARIO en 1999...
Así empezó IMAGINARIO en 1999…

Pero ha caído de muerte contra natura…
Hablo de imaginario.org.ar cuya muerte en manos de la burocracia de nic.ar lo dejó en “Error 404” a pocas semanas de su fiesta de 15. La normativa establece que una persona física no puede gestionar un sitio “org”… Nunca entenderá (ni me interesa ya) por qué entonces lo pude hacer desde Ago 1999 a Sep de 2014.

Por eso es forzoso nacer y en otro espacio, trayendo mi biografía a medio remendar a este espacio “gratuito”(sepan disculpar intrusas e inútiles publicidades)

Por supuesto que además de estos interruptus vulgaris y de aquellas imaginareces, vivo, trabajo, amo, deambulo, jardineo, escribo y desafío acertijos de esfinges aleatorias, los que por lo general no acierto nunca a contestar.

Veanló por acá con sus propias manos de abrazar. Y compartan !

Astrología Arquetípica - Cristina Laird

Astrologia en simples palabras

IMAGINARIO recargado

la vuelta del sitio pródigo...

Rubén Darío ROMANI FERREYRA

(una biografía en obras)

PARAMILLOS de Uspallata; Mendoza - Argentina

Grupo gestor de la creación de la Reserva como Monumento Natural y Patrimonio Cultural de Mendoza